lunes, 20 de junio de 2011

Reflexión sobre política, prejuicio y estupidez originada por las declaraciones de Ernesto Cordero

En este grande y loco mundo existen diferentes clases de personas, pero quizá, el grupo que se puede considerar el más pintoresco de todos es el de los pendejos.
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Pendejos los podemos encontrar en cualquier lugar de la tierra, desde pequeños poblados en lugares inaccesibles, como los desiertos, o las montañas, hasta en las grandes urbes, metrópolis y megápolis cosmopólitas. Los pendejos pueden ser de cualquier clases social, sin importar si es un vagabundo que no tiene donde caerse muerto, o un magante hombre de negocios con oficinas y sucursales en todo el globo. Pueden ser tambien de cualquier edad, desde un mocoso imberbe, hasta un viejito senil. De cualquier creencia religiosa (pueden también carecer de credo, como nos explica Tork) y cualquier color de piel. Y claro, de cualquier nacionalidad y generó. También pueden desempeñar cualquier profesión, y es aquí cuando empiezan los problemas.
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Enfocandonos en nuestra república bananera con aspiraciones de ser Primer mundo, uno espera que las personas que se dedican a empleos que afectan directamente a una gran parte de la sociedad sean personas maduras, responsables, capaces de administrar su tiempo, que no se distraigan facilmente y que tengan una cantidad de conocimientos de calidad en sus seseras. Lamentablemente esto no ocurre en una parte importante de los profesionistas de nuestro país. Tenemos por ejemplo doctores desobligados, ingenieros huevones, maestros desidiosos, y politicos corruptos. Estos últimos, debido a su carácter de “representantes del pueblo llano”, se supone deberían ser personas desinteresadas, responsables, con una capacidad de abstracción bien chingona para poder visualizar los problemas que aquejan al país desde todos los ángulos posibles, ecuanimes, que sepan distinguir entre sus creencias y caprichos y las necesidades reales de su nación.
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Ja! Claro, y supongo que luego podré ir a Apokolips y hacerle calzón chino a Darkseid.
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Nomás quiero ver que alguien intente meterse con este cabrón, aparte de Superman.


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Algo que ya se volvió inherente a la cultura mexicana es la ineficiencia del gobierno en todos los niveles, desde la burocracia cuasi-ritualística hasta los gobernantes y políticos de más alto nivel, quienes toman decisiones en detrimento de los ciudadanos. Y esto aplica principalmete a quien ocupa el cargo máximo de la nación. Tan solo tengamos bien presente que nuestro actual presidente, Felipe Calderón, y su gabinete entero han venido administrando al país con resultados que al final, nos han venido jodiendo a todos: Aumento a los impuestos, Guerra contra el narcotrafico planeada con el culo, liquidación de todo un sindicato, entre otras tantas políticas que ya todos conocemos.
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Y es aquí cuando entran los aspirantes a ocupar el puesto máximo una vez que Felipe Calderón “agarre sus chivas y se vaya”. Tenemos aquellos que poseen cierto grado de carisma (aunque yo creo que el término más correcto sería “labia”) como Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. Tenemos a los que han hecho muchas cosas (la mayoría, inútiles y superfluas) “por el pueblo” como “El carnal” Marcelo Ebrad. A los hijos de puta hechos y derechos como Javier Lozano Alarcón, y a los pobres (pero millonarios a estas alturas) diablos ilusos como Santiago Creel (a quién ya le dijeron que siempre no). Pero entre este último grupo encontramos a un personaje muy particular. Su nombre: Ernesto Cordero Arroyo.
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¿Qué es lo que hace tan curioso a este personaje? Ernesto Javier Cordero Arroyo nació el 9 de mayo de 1968. Es egresado del Instituto Tecnológico Autónomo de México, en donde estudió la Licenciatura en Actuaría y la Maestría en Economía. Es también Maestro en Economía por la Universidad de Pennsylvania. Uno pensaría que con semejantes credenciales cuidaría mucho las declaraciones que hace, procurando sonar serio, respetable, cuerdo e inteligente.
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Claro, y supongo que entonces yo podre bajar al infierno y hacerle cerillito a Satanás.
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Ernesto Cordero ha obtenido notoriedad en días recientes debido a sus declaraciones que no son otra cosa más que puras chaquetas mentales. La primera declaración polémica que se le ocurrió soltar, como si fuera lo más natural del mundo, fue la siguiente:
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¿Pero qué chingados…? Y luego tratando de rectificarse con un comentario igual de idiota. Si, con los 6000 pesos las familias de clase media hacen milagros, ¿pero qué necesidad existe de que las familias tengan que hacer maromas fiscales para salir de mes? Mientras tanto hay cabrones, políticos y empresarios, que se dan una muy buena vida, comprando pendejadas inservibles y cuya manufacturación ocasiona conflictos geopolíticos (Hummers, iPads, etc.). Claro, todo ello a costa de los que pagan impuestos (la clase media).
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Después de este chasco, Ernestito no pudo quedarse callado, así que unos días después, el ilustradísimo secretario de Hacienda soltó otra estupidez. El aspirante a candidato por la presidencia de la república aseguró que ha crecido el poder de compra del salario mínimo. En otras palabras, que puedes comprar más cosas con el salario mínimo. El salario mínimo por día laborado es de poco más de 50 pesos. ¿Qué compras con eso para cada día?
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Yo creo que el periodista y Youtubero Escritorcubamex se expresa mejor que yo sobre este tipo de cosas.
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¿Como la ven? Y pensar que un pendejo de este calibre aspira convertirse en candidato a la presidencia… Imaginense que por azares de la entropía y la teoría del caos este cabrón se hiciera presidente. Imaginense nomás la manera en la que llevaría la administración del país. Puta madre, prefiero ver 20 veces la versión mexicana de High School Musical antes de imaginarme algo así.
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Pero no crean que solo hablaré de Cordero en este post. Hay otra cosa que les quiero comentar. Me entere gracias a Adrián Robles por medio del CaraLibro de la siguiente propuesta ante el Senado de la Republica.
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No me pinche jodan. Repito, NO ME PINCHE JODAN. ¿Con que maldita autoridad esta maldita pendeja pretende prohibir los géneros musicales citados? Vamos, no todos los que escuchamos metal, rock alternativo, o punk somos unos delincuentes. Es como decir “Vamos a prohibir el reggae porque hace que nuestros jóvenes se hagan mariguanos asquerosos” o “Vamos a prohibir el pop porque hace que nuestros chavos se vuelvan metrosexuales afeminados” o “Vamos a prohibir el reggaetón porque hace que los jóvenes se conviertan en nacos que manejan motonetas ITALIKA y se drogan con thiner”.
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Es realmente desesperante ver que los que se suponen están dirigiendo a nuestros país se basan en sus prejuicios y en gastados estereotipos. Podemos ver por ejemplo cuando el presidente de la República, Felipe Calderón, ha hecho un sinfín de declaraciones en calidad de católico, al parecer valiéndole madre que México es un país laico. ¿Qué significa laico? Que el gobierno no puede manifestar preferencia alguna a ninguna religión en particular, sino que se debe de dar las mismas oportunidades y preferencias a todos sin importar su credo. Y eso es muy importante para dejar de ser república bananera. Principalmente si tomamos en cuenta que un porcentaje importante de los católicos lo son por pura costumbre, ya saben, con el fin de quedar como “gente bien”.
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Volviendo al punto, imaginen que nos guiáramos con puros prejuicios. Veríamos a personas con tatuajes o perforaciones, que en mayoría de los casos son sujetos mucho más confiables, amables y respetuosos que la perrada común, siendo detenidos y agredidos. Veríamos a sujetos execrables que lastiman al prójimo, pero que lucen como “niños bonitos” salir impune de cada una de sus fechorías. Veríamos a los grupos minoritarios ser en el mejor de los casos ignorados, y en el peor de los casos agredidos, por la “mayoría”, los cuales son en su mayoría (oh! un juego de palabras) una bola de australopitecos a medio evolucionar.
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Y va de nuevo, el consejo que siempre doy. Manténgase informados, pónganse a razonar. Para que este desmadrito al que llamamos democracia funcione, se requiere conocimiento y participación más allá de poner un tache en una boleta o meterse en un partido político. No podemos andar esperando a que un pendejete corrupto ande viendo por nosotros. Al contrario, tenemos que aprender a organizarnos entre nosotros para ver por el bien de la comunidad a la que pertenecemos, porque es bien fácil andar esperando por alguien, o echarle la culpa a alguien más, para no responsabilizarnos.
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Sir David von Templo, Cambio y Fuera.

1 comentario:

Ego dijo...

Je, je, je. Me encantó el primer párrafo. Muy buena entrada.